Ya han pasado seis años. Ese día mi mundo cambió con su ausencia y un dolor muy muy inmenso me encogió el corazón y lo partió de tan pequeño que era y de tan rápido que tenía que latir para asimilar esa pena.
Con él se fue mi niñez, mi inocencia, mi sentir que el mundo era un lugar casi seguro, mi creer en los milagros que otras veces habían ocurrido.
Con él se fue una parte de mí que ya no volverá. La Helena que sufría por su padre, la Helena que sufría con su padre. Pero también la Helena que se enfadaba con él, que reía con él, que hablaba, que le sermoneaba, que le escuchaba, que compartía recuerdos.
Y una rabia profunda me engulló por completo. Rabia porque ya no compartiría mis risas con él, ni mis llantos. Rabia por su ausencia para siempre. Rabia por la injusticia tan grande. Rabia por la sensación de impotencia. Rabia por el sentimiento de abandono. Rabia por perder el amor que me tenía.
Y ya han pasado seis años...
Y hoy lo siento todo distinto.
Ya no siento rencor porque me dejara sola. Porque él no me abandonó. Ya no siento rabia. Porque él luchó hasta el final. Y el recuerdo de hoy me lleva a saber que sigue vivo porque nosotros le recordamos, porque la memoria lleva consigo esa magia: la de vencer el olvido.
Y aunque no pueda demostrarme su amor con carantoñas, o con sermones, o con chincharme, su amor quedó en mí y en parte de lo que soy hoy en día.
Y sé que el mejor homenaje que puedo rendirle es vivir y ser feliz.
1 nuevas impresiones:
Diooooossss!!!! Pero qué bonito!!!!!!!!!!!......Y que gran verdad!!!!!snifff.....Un super gran achuchón!!!!!!!!!!
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